La banda ancha en EEUU no pasa el examen, la mayoría de los servicios de Internet que se comercializan bajo ese nombre son demasiado lentos como para alcanzar tal denominación.
Según un informe de la Comisión Federal de las Comunicaciones (FCC), un 68% de las conexiones, es decir la mayoría de los productos que se venden en el país, no cumplen con los estándares exigidos por la agencia.
Dos tercios de los paquetes denominados como ‘banda ancha’ ofrecen una velocidad de bajada inferior a 4 Mbps y menos de 1 Mbps de subida en zonas urbanas sin circunstancias especiales, no hablamos de enclaves rurales o con características adversas que condicionen el despliegue de la red.
Muchos apuntan como culpables a las grandes empresas proveedoras, que no se han molestado en invertir para mejorar su oferta ni su tecnología, AT&T, Verizon o Comcast son las principales operadoras, pero la existencia de un mercado suficiente y la falta de sanciones ante las irregularidades han destruido una competencia que repercuta en beneficios para sus clientes.
Con este panorama, EEUU se enfrenta al mayor desafío en infraestructuras de su historia, y es llevar la banda ancha a cada ciudadano aumentando la velocidad actual unas 25 veces, hasta alcanzar los 100 Mbps.
Aunque la penetración de los servicios de Internet en los últimos años ha experimentado un crecimiento exponencial, todavía un tercio de los estadounidenses no dispone de este tipo de conexión en casa, 100 millones de personas al margen de la revolución digital.
Con una cobertura más bien deficiente y un escenario de oligopolio empresarial, simultáneamente Verizon Wireless ha comenzado el despliegue de la cuarta generación de Internet para teléfonos móviles.
Quizá la apuesta real no está en el usuario medio, por el que no merece la pena invertir en mejoras, sino en clientes con un nivel socio-económico superior, que se conectan a través de smartphones o dispositivos móviles abonando tarifas más elevadas.
La FCC vela por los derechos de los consumidores estadounidenses y en su site ofrece la opción decomprobar la velocidad de la banda ancha contratada por los usuarios con el fin de dibujar un mapa con las “zonas muertas” del país, donde las conexiones son deficientes o de peor calidad con respecto a los servicios contratados.

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